Everything Sucks!

En esta nueva serie original de Netflix acompañamos a un grupo de chicos que están a punto de adentrarse en la adolescencia. La historia, aprovechando el poder de la nostalgia, está ubicada en 1996, buscando explotar los elementos más representativos de los años 90.

En 10 capítulos de 20 minutos es posible generar vínculos emocionales con sus personajes, quienes presentan conflictos comunes en la pubertad y en la adolescencia; problemas de comunicación con los padres, la búsqueda de aceptación y el descubrimiento sexual, entre otros.

El producto es sumamente digerible, en parte por el tono de comedia que maneja y, por otro lado, como consecuencia de su maravilloso trabajo de edición. Cada uno de los cortes está enfocado en generar emociones, queriendo emular, en muchas ocasiones, un videoclip de esa década, sincronizando las tomas con el ritmo de la música o con el trazo y el movimiento, en cámara, de los actores.

Para los amantes de la cinematografía, esta serie será un recordatorio constante de nuestra adicción por generar productos audiovisuales, ya que esta temporada se centra en la creación del primer cortometraje de Luke, uno de los protagonistas de la serie. Así pues, me permitió recordar mi primera experiencia en un rodaje, la presión, el trabajo en equipo, el cansancio y la entrega que se necesita para poder contar una historia a través del cine. Este factor, debo confesar, fue primordial para quedar hipnotizado con cada episodio. Me es imposible darle la espalda a cualquier elemento que me inspire y motive a seguir creando.

Es importante señalar que, aunque la historia plantea temas importantes y delicados, el guión no logra profundizar en ellos de lleno, pues todos los conflictos se solucionan con demasiada facilidad. Sin embargo, aunque el tratamiento pueda parecerme un tanto superficial, creo que es válido encontrarnos con productos que, sin llevarnos a la reflexión, consigan entretenernos y hacernos pasar un buen rato.

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